Discurso de odio

El discurso de odio incluye expresiones escritas, verbales o visuales de discriminación, acoso, amenazas o violencia contra una persona o grupo por motivo de su género, discapacidad, orientación sexual, raza, etc.

Cualquier discurso que trivializa, glorifica o incita a la violencia contra las mujeres es discurso de odio, así como el discurso que trivializa el Holocausto es antisemita y el discurso que aplaude los ataques contra las personas por su raza es racista.

En línea, como en todas partes, tenemos derecho a la libertad de expresión y algunas personas expresan puntos de vista bastante ofensivos sobre las mujeres. El discurso de odio no es libertad de expresión, ya que ésta no se coloca por encima de la libertad de la violencia. Si la expresión es particularmente agresiva, inflamatoria o insistente, puede entonces considerarse discurso de odio.

El artículo 19 del Pacto internacional de derechos civiles y políticos garantiza el derecho a la libertad de expresión, pero también describe algunas restricciones a ese derecho. Toda limitación debe:

  1. "estar expresamente fijada por la ley", lo que significa que para imponer una restricción debe existir una ley previa
  2. y ser necesaria para asegurar el respeto a los derechos o a la reputación de los demás, la protección de la seguridad nacional, el orden público o la salud y la moral públicas
  3. necesaria para lograr los propósitos buscados y nada más

En la mayoría de los países, el discurso de odio está prohibido cuando incita a la violencia o acciones perjudiciales contra otras personas. En algunos países, el discurso de odio también abarca la denigración o intimidación. Es posible buscar protección y reparación bajo la ley civil, la ley penal o ambas.

Cómo viven las personas el discurso de odio

Independientemente del tema que traten, las blogueras y periodistas mujeres reciben una cantidad desproporcionada de comentarios inflamatorios y amenazas. Las mujeres que escriben sobre cualquier tema referido a la mujer o abordan temas en apariencia dominados por hombres, como los juegos o la política, reciben una proporción aún mayor.

Se ataca a las mujeres en línea no por sus ideas sino por su sexualidad y apariencia física. Se las ataca simplemente porque son mujeres que utilizan sus voces. En estas situaciones, la meta de los abusadores es intimidar y, en última instancia, silenciar a las comentaristas mujeres.

Como afirma Danielle Keats Citron, "[el acoso en línea anónimo] desalienta a las mujeres a escribir y ganarse la vida en línea. Interfiere con su vida profesional. Las etiqueta como trabajadoras incompetentes y objetos sexuales inferiores".

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