Enfoque feminista en la investigación de la violencia de género en línea

Al inicio de un nuevo año de #metoo y otros poderosos movimientos testimoniales como #survivingRKelly, el conocimiento compartido en enero en el webinar (seminario web) de ¡Dominemos la Tecnología! constituyó una importante oportunidad de aprendizaje, además de un recordatorio de cómo contribuir al bienestar y al cuidado colectivo de nuestro movimiento.

¡Dominemos la tecnología! arrancó el nuevo año con un webinar sobre documentación y reporte/denuncia para investigadoras/es, periodistas y pensadores/as feministas. Cuatro mujeres expertas del mundo entero tuvieron que responder a preguntas tan fundamentales como ¿de qué manera se protegen colectivamente los/as investigadores/as y a todas las personas a cargo de documentar la violencia de género en línea? Indira Cornelio, de la organización Seguridad Digital de Ciudad de México; Tess Wandia de IHub en Kenya; Namita Aavriti, de la Red de investigación para una internet feminista de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones; y Varyanne Sika, de la Coalición de Lesbianas Africanas (CAL, por su sigla en inglés), fueron las cuatro expertas en el trabajo con mujeres que se enfrentaron a violencia a través de la tecnología. Contaron cómo encarnan e incorporan la autoprotección en su trabajo y en su movimiento.

Hubo consenso en cuanto a que la investigación y los estudios feministas deberían realizarse en un marco de sumo bienestar, que debería diferenciarse claramente de la investigación y los estudios tradicionales. Es fundamental aclarar que la intención es no causar ningún daño adicional; además, el propósito de la investigación no puede enfocarse únicamente en comprobar la hipótesis, para luego dejar a la participante a su suerte. Se debe considerar cuidadosa y constantemente el bienestar de las participantes o, en otras palabras, la investigación y documentación deben incluir la autoprotección de todas las personas involucradas. Autoprotección significa establecer límites y cuidarse a sí misma. Varyanne compartió una comparación esclarecedora. La mayoría de los empleos requieren el uso de un uniforme de protección contra posibles daños, de modo que los/as investigadores/as – sobre todo quienes trabajan con situaciones traumáticas o que pueden desencadenar traumas, como la violencia de género en línea - también necesitan un uniforme protector. Estoy completamente de acuerdo y creo que esto debería formar parte de los deberes de empleadores, donantes, universidades, organizaciones y comisarios/as. Las políticas de salvaguarda tienen que incluir la autoprotección y “uniformes de protección”.

Las cuatro expertas coincidieron en la necesidad de avisar desde el inicio de un proyecto centrado en situaciones de trauma 1 de que el trabajo reabrirá las heridas no curadas de las sobrevivientes. Puede suceder incluso que las sobrevivientes no tengan conciencia de que sus heridas siguen abiertas, o que aún no hayan sido tratadas siquiera. La autoprotección colectiva consiste en procurar que nuestras acciones no causen daño a otros/as. El primer paso es poner en práctica la autoprotección para las personas con las que trabajamos e incorporar dicha práctica como parte de la cultura de tu organización o proyecto o forma de trabajar. La autoprotección se aplica incluso al modo en que se hacen referencias en una investigación, cómo mantener el anonimato, cuidar las preguntas que se plantean en las entrevistas, así como en la difusión de los hallazgos, comprendiendo que el consentimiento no es algo estático y puede retirarse en cualquier momento.

Durante el webinar, Tess nos recordó que una vez que publicamos en internet documentación sobre violencia en línea, ya sea una investigación, o un clip de una entrevista, quedará en internet para siempre y las sobrevivientes con las que trabajamos quedarán etiquetadas como personas que enfrentaron ese tipo de abuso en línea. Por lo tanto, es muy importante gestionar correctamente las expectativas y brindar toda la información posible sobre lo que puede suceder una vez publicada dicha información.

Creo que también es importante explicarle a los/as participantes que no todo el mundo recibirá el proyecto, o parte del mismo de la forma en la que se suponía que lo recibirían. Dado que la violencia de género en línea está cada vez más organizada, hay usuarios de internet esperando que aparezcan las investigaciones y los videos para saltarles encima y causar más daño. Esto no significa que haya que abandonar nuestras herramientas y dejar de trabajar, claro que no. Sin embargo, dominar la tecnología implica una batalla y, como en todas las batallas, hay que entender la estrategia del enemigo y adelantarse, sobre todo si esperas que las sobrevivientes se unan a la lucha.

Durante el webinar también se habló sobre conductas problemáticas a nivel macro, como lo que sucede con los grandes donantes y los medios. En lo que se refiere a subsidios y pruebas colectivas del dinero utilizado, el orden establecido es la presentación de pruebas colectivas tales como fotografías y encuestas cuyo marco suele volver a insistir en la victimización. Los medios son muy conocidos por retratar a las mujeres como víctimas, en lugar de sobrevivientes.

Es importante mencionar que a menudo las mujeres, en particular las mujeres negras, son presentadas sólo como “víctimas” o como personas que han vivido una experiencia concreta, pero no como expertas. Estoy harta de esa concepción errónea y me niego a participar en las entrevistas e investigaciones que la perpetúan, más allá de lo “brillante” que parezca la oportunidad.

También existe el peligro de que tales coberturas incrementen el miedo al abuso, el temor a ser troleada en Twitter en plena campaña por un cargo público, lo que termina resultando en censura que impide que las mujeres participen en los espacios públicos en línea. Las personas que trabajan en comunicación, en investigación y en relaciones públicas suelen querer crear el próximo video viral o la próxima investigación sobre el horror del abuso en línea. Pero ello no puede hacerse a expensas de una nueva victimización, ni de incrementar el temor al abuso en línea. En realidad, es necesario que haya más organismos e investigadores/as que destaquen las soluciones y apoyen a quienes hacen campañas, a las sobrevivientes y a los llamados al cambio lanzados por los/as activistas.

Indira destacó la importancia de escuchar y comprender el contexto, al igual que todos los aspectos que puedan inquietar a una participante. Me gustaría dialogar más sobre esto y espero que haya más conversaciones futuras sobre cómo podemos ser interseccionales en nuestra práctica de autoprotección. La interseccionalidad nos permite entender que las mujeres con identidades multi-interseccionales son más vulnerables y que, aunque de maneras diversas, las dalits en India y las afrolatinas en América Latina tienen menos posibilidades de tener capital social y de acceder a equipos legales o establecer vínculos fiables con las personas responsables del cumplimiento de la ley.

Hace poco participé en una entrevista sobre los nuevos hallazgos de Amníista Internacional acerca de la terrible experiencia de las mujeres negras en Twitter: se estima que las mujeres negras corren 84% más riesgo de enfrentarse a abusos en línea que las demás. Pensando después del webinar, me di cuenta de que no sólo corro más riesgo que las demás mujeres que hablaron en la entrevista, sino que el tema mismo me pone en mayor peligro, ya que luego me acosaron también mujeres blancas. La situación ha ido escalando, hasta el punto que ahora necesito asesoramiento legal. Si bien ha sido agotador lidiar con este asunto por mi cuenta, también soy consciente de que cuento con cierto capital social debido a mi trabajo en el sector político y mis redes.

Debemos evaluar los riesgos antes de invitar a alguien a participar en entrevistas en los medios o, al menos, mantener una conversación franca acerca de los peligros que conlleva. Esta evaluación y las preguntas acerca de los riesgos deben ser interseccionales y realizarse en un marco de prevención de daños. Al mismo tiempo, todas las personas involucradas, tanto las que integran el movimiento como las instituciones y las que forman parte del proyecto, deben proponerse mitigar los daños.

Autora  : Seyi Akiwowo, Directora ejecutiva de Glitch